Asteroides principescos y

faroleros obsesivos



La astronomía de El Principito, un cuento de compañerismo, bondad y entusiasmo por el conocimiento


Extraviado en el desierto del Sahara estaba el narrador de este cuento cuando se le apareció un niño de otro mundo, a quien él llamó Principito. El niño llegaba a la Tierra luego de haber viajado por otros cuerpos celestes. ¿Lo leíste? 


En su viaje, el Principito se fue encontrando con diversos personajes, que vivían cada uno en un astro diferente. Al llegar al quinto astro (que él llamó “planeta”) se sorprendió por lo pequeño que era: sobre su superficie solo había lugar para un farol y un farolero. 

Un “planeta” que gira sobre su eje en solo 1 minuto, ¿es posible? Aunque el autor de El Principito no tenía forma de saberlo, hoy los astrónomos encontraron cuerpos celestes que giran así de rápido, ¡y más también! Claro, no se trata de planetas como los que nosotros conocemos sino de cuerpos más pequeños: los asteroides.


Al igual que sucede en nuestro planeta Tierra, este movimiento de rotación es el responsable de que en su superficie se intercalen momentos de luz y de sombra continuamente. Si comparamos aquel movimiento de rotación con el que tiene nuestro planeta, podemos decir que por cada giro que realiza el asteroide del farolero ha pasado “un día”. Claro, no es un día terrestre sino ¡un día “asteroidal”! que en general es menor que las 24 horas a las que nosotros estamos acostumbrados por vivir en la Tierra.

Pero de la lectura del cuento nos queda una duda. Pues el farolero dice que antes –en otros tiempos– su “planeta” giraba más lentamente y por eso su trabajo de encender y apagar el farol era más tranquilo. Que vos sepas, ¿habrá alguna manera de acelerar el giro de un cuerpo celeste como este? ¡Pensá que los asteroides están en medio del espacio sin nada que los toque! –¿Nada...?– ¡Escribinos y contanos tu propuesta!


Un amigo nuestro, el profesor Esteban Peñalba, desde hace unos cuantos años viene buscando algún asteroide que se parezca al del Principito. ?Y finalmente encontró un buen candidato: es uno descubierto en 2008, muy pequeño (de menos de 25 metros) y al que le pudieron medir su tiempo de giro. Los astrónomos lo bautizaron “2008 HJ” y actualmente tarda solo unos 43 segundos en completar una rotación. ¡Te imaginás lo que eso representa! Un farolero que viviera allí tendría menos de medio minuto para encender la luz luego de haberla apagado. Y así por siempre...


Es bueno aclarar que en el asteroide 2008 HJ no vive ningún farolero. Y en realidad nadie ni nada podría permanecer sobre su superficie. ¿Te imaginás por qué? Escribinos tus respuestas en los comentarios de abajo de este articulo, así las compartimos.

Alejandro Gangui
Astrofísico

 

 

 

 

Representación artística del doble asteroide Antíope.  Foto ESO

-¡Buenos días! ¿Por qué acabas de apagar tu farol?
-Es la consigna -respondió el farolero-. ¡Buenos días!
-¿Y qué es la consigna?
-Apagar mi farol. ¡Buenas noches!
Y encendió el farol.
-¿Y por qué acabas de volver
a encenderlo?
-Es la consigna.
-No lo comprendo -dijo el principito.
-No hay nada que comprender -dijo
el farolero-. La consigna es la consigna.
¡Buenos días! - Y apagó su farol.
Luego se enjugó la frente con un pañuelo
de cuadros rojos.
-Mi trabajo es algo terrible. En otros tiempos
era razonable; apagaba el farol por la mañana y
lo encendía por la tarde. Tenía el resto del día para
reposar y el resto de la noche para dormir.
-¿Y luego cambiaron la consigna?
-Ese es el drama, que la consigna no ha
cambiado -dijo el farolero-. El planeta gira
cada vez más de prisa de año en año
y la consigna sigue siendo la misma.
-¿Y entonces? -dijo el principito.
-Como el planeta da ahora una vuelta
completa cada minuto, yo no tengo
un segundo de reposo. Enciendo y apago
una vez por minuto.
-¡Eso es raro! ¡Los días sólo duran en
tu tierra un minuto!
-Esto no tiene nada de divertido -dijo
el farolero-. Hace ya un mes que tú y yo
estamos hablando.
-¿Un mes?

- Sí, treinta minutos. ¡Treinta días! ¡Buenas noches!

Fragmento de El principito, Antoine de Saint-Exupéry