¿Adónde va la basura? 



¿Alguna vez te preguntaste qué pasa con la bolsa de basura de tu casa una vez que el camión la retira de tu puerta? El circuito ha cambiado bastante durante los últimos años. Hasta hace poco todo lo que descartabas en tu bolsa iba a parar directo y sin escalas a un sitio enorme y preparado especialmente para almacenar residuos. Ese sitio se llama relleno sanitario y allí quedaba depositada tu bolsa entera junto con las de todos tus amigos. Unas máquinas pesadas aplastaban todo, lo tapaban, y allí todo comenzaba a descomponerse lentamente.Una vez en el relleno, algunos residuos se descomponían rápido pero otros lo hacían muy lento... ¡o no se descomponían nunca!

 

Eso era así porque solíamos desechar todo junto: los restos de alimentos, los plásticos, los metales, los vidrios. Todo junto, ¡qué desorden! Por suerte hace algunos años nos dimos cuenta de que si bien los rellenos siguen siendo muy útiles, mucho de lo que desechamos puede aprovecharse para fabricar cosas nuevas. Además de conocer y comenzar a usar el verbo reciclar, ahora sabemos que casi la mitad de nuestros residuos son reciclables y que no deben enterrarse con los otros. Por ejemplo, si separamos el vidrio podemos usarlo para hacer nuevos envases de vidrio. Y lo mismo con el cartón, el papel, los metales y algunos plásticos.

 

Entonces, a diferencia de lo que pasaba hace algunos años, los residuos que se pueden reutilizar salen del circuito de la basura que se entierra en el relleno y siguen el camino de los centros verdes, donde los recuperadores urbanos los clasifcan y los venden a las fábricas que los vuelven a aprovechar.

 

María Semmartín
Agrónoma

 

¿Cómo separar la basura?

Seguramente habrás visto cestos de colores diferentes para desechar los residuos de una manera clasifcada.

 

Eso no siempre fue así. A pesar de que el sistema no es perfecto y que todavía quedan algunos despistados que desechan todos sus residuos mezclados, ahora los rellenos sanitarios reciben mucho menos residuos reciclables que antes.

 

Así como aprendimos a disponerlos de una manera organizada, los científcos siguen buscando maneras para tratarlos y aprovecharlos mejor, y también para enseñarnos a reducirlos.

 

Porque, como dicen aquellas sabias palabras: el mejor residuo es el que no se genera.